Volumen 11, Unidad 4, Lección 22
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Piensa en cuando eras niño. ¿Hubo alguien fuera de tu familia que influyera en tu fe? Quizá fuera un profesor de la escuela dominical, un líder de jóvenes o un adulto amable de la iglesia que te escuchaba y te animaba.
Ahora, piensa en esto: ¿y si hoy pudieras ser esa persona para un niño de tu iglesia? Tanto si eres padre, abuelo, mentor o simplemente alguien a quien le encanta la próxima generación, tienes un papel fundamental en la formación de los niños.
Quizá te preguntes: ¿Por qué debería invertir en formar en la fe a niños que no son míos? A lo largo de toda la Biblia, vemos ejemplos de mentoría más allá de los lazos biológicos: Moisés y Josué, Noemí y Rut, y Pablo y Timoteo, por nombrar algunos.
Las Escrituras son claras. Formar a la próxima generación en la fe es responsabilidad de toda la iglesia. El Salmo 78:4 dice: «No ocultaremos estas verdades a nuestros hijos; contaremos a la próxima generación las gloriosas obras del Señor, su poder y sus prodigios».
Los padres desempeñan el papel principal, pero este versículo se dirige a todos los creyentes. Cada niño de tu iglesia necesita modelos a seguir que le guíen y le animen. La iglesia local es una familia espiritual, y todos compartimos la responsabilidad de transmitir la fe.
Aquí tienes tres sugerencias prácticas para formar a los niños en la fe:
1. Muestra a Jesús en la vida cotidiana: Los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos.
- Deja que vean cómo vives tu fe.
- Deja que los niños te vean leer la Biblia y comparte lo que estás aprendiendo.
- Comparte testimonios de la fidelidad de Dios de una forma que sea fácil de entender.
- Invita a los niños a participar en actos de servicio, como preparar la comida u orar por los demás.
- Da ejemplo de amabilidad, perdón y paciencia.
2. Sé intencional en las conversaciones: Busca momentos propicios para enseñar.
- Cuando un niño te cuente un miedo, recuérdale que Dios está con él.
- Celebra sus éxitos reconociendo la obra de Dios.
- Haz preguntas abiertas sobre lo que piensan de Dios.
- Usa experiencias cotidianas para señalar verdades bíblicas.
- Ofrécete a orar con ellos en los momentos difíciles.
- Anima a que memoricen pasajes de las Escrituras a través de canciones o juegos.
3. Anima y apoya a las familias: Apoya a los padres como principales formadores.
- Si un niño no tiene padres creyentes, tu papel es aún más crucial.
- Habla con los padres y pregúntales cómo puedes apoyar el crecimiento de su hijo.
- Ofrece recursos como devocionales familiares.
- Organiza eventos que reúnan a las familias.
- Sé una presencia constante y cariñosa.
Formar a los niños no consiste en ser perfecto, sino en estar presente. No necesitas tener todas las respuestas; basta con ser auténtico en todo momento y guiarlos hacia Jesús.
Seamos una iglesia en la que cada niño se sienta visto, amado y guiado en la fe.
¿En qué niño puedes invertir esta semana?