¿Qué es esto del lavado de pies?

Volumen 11, Unidad 3, Lección 19

January 11, 2026

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La tradición cristiana del lavado de pies viene de Juan 13:4–17. La noche en que traicionaron a Jesús, Él lavó los pies de sus discípulos de la manera que solía hacerlo el sirviente más humilde de la casa.

 

A Pedro le molestó tanto esto que al principio se negó a que le lavaran los pies, hasta que Jesús le dijo que tenía que dejarse servir por Él para poder compartir su suerte. (Juan 13:8, NVI)

 

Jesús explicó por qué lo había hecho, dejando a los discípulos un ejemplo para que se sirvieran unos a otros de la misma manera que Él los había servido. Para destacar hasta qué punto Jesús sirvió a sus discípulos, les lavó los pies incluso a Judas, el mismo discípulo que lo traicionó esa misma noche.

 

Muchas iglesias practican el lavado de pies en distintos momentos y ocasiones para reflejar el ejemplo de Jesús, asumiendo el papel del más pequeño. Normalmente, la persona con un cargo o título es la que empieza a lavar los pies de los demás, quienes a su vez lavan los pies de otra persona.

 

A veces, la ocasión es la preparación para el ministerio, por lo que se convierte en una ceremonia para demostrar que nadie es demasiado importante como para no servir. Otras veces, la ocasión es el perdón, en la que comunidades que han estado enfrentadas realizan una ceremonia de lavado de pies para mostrar que se arrepienten.

 

Algunas iglesias han elevado el lavado de pies al nivel de ordenanza o sacramento de la iglesia, convirtiéndolo en una práctica habitual. Para que algo se considere una ordenanza, debe cumplir dos requisitos:

  1. Jesús nos mandó hacerlo (por lo que está ordenado).
  2. Refleja la historia del Evangelio.

En las Asambleas de Dios, al igual que en gran parte del protestantismo, solo dos prácticas alcanzan el nivel de ordenanza: el bautismo en agua y la comunión.

 

Jesús nos dijo que bautizáramos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, mientras que el bautismo en agua representa la muerte y la resurrección de Jesús.

 

Jesús nos dijo que tomáramos la comunión en memoria de Él, ya que representa su sacrificio.

 

Jesús sí les dijo a los discípulos que hicieran unos con otros lo mismo que Él había hecho con ellos al lavarles los pies.

 

El lavado de pies no se interpreta como una representación del Evangelio, sino simplemente como nuestro servicio mutuo. Por eso, no alcanza el nivel de una ordenanza.

 

Ahora bien, no hay nada de malo en que una iglesia practique regularmente el lavado de pies. Incluso las iglesias que no lo ven como una ordenanza pueden hacerlo como ejemplo para el ministerio o como un momento de arrepentimiento.

 

Solo cuando nos juzgamos unos a otros por no tratarlo como una ordenanza de la iglesia es cuando la práctica del lavado de pies puede resultar perjudicial. Entonces lo estamos usando para acusarnos unos a otros en lugar de servirnos mutuamente.

 

Nadie que entienda su significado puede usarlo como arma contra otros creyentes. Está ahí para recordarnos que debemos servirnos unos a otros tal y como Jesús quiere.


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