Volumen 10, Unidad 3, Lección 14
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LEW: Una cosa es DECIR las palabras de Job: «El Señor dio, y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job 1:21). Y otra muy distinta es ponerlas en práctica. El 15 de abril de 2024, nuestras vidas cambiaron para siempre cuando perdimos a nuestra preciosa hija Renée en un accidente de bicicleta. La sonrisa de Renée iluminaba cualquier lugar. Era el mejor ejemplo del gozo y el amor del Señor que jamás he conocido. Fue un honor y un privilegio ser sus padres.
CHRISTINE: Dios nos regaló una hija y llenó de tantos de sus atributos a esta mujer pequeña pero poderosa. Renée amaba a lo grande. Adoraba a su marido Mark y siempre sacaba tiempo para los demás. Vivía plenamente para Jesús y le dedicó su vida. Renée era una brillante teóloga, escritora, triatleta, profesora, bailarina, narradora, música, amante de la purpurina y difusora de alegría. Perder su presencia en nuestras vidas nos ha traído un dolor profundo, muy profundo y desgarrador, a pesar de que Renée está viva junto a su Salvador. A veces siguen inundándonos torrentes de dolor, y dejamos que fluyan. Son imparables y tienen un propósito. Pero damos gracias a Dios entre lágrimas. Nos aferramos, nos agarramos y nos anclamos a las promesas de Dios que nos dan vida. Jesús es nuestra Esperanza Viva. Él nos ama y nosotros le amamos. En Él se puede confiar. El carácter de Dios sigue siendo bueno.
LEW: Recuerdo que en aquellos primeros días le pedí a Jesús que me quitara este dolor por la pérdida de Renée. Entonces Él me susurró al corazón que este dolor es como un capullo. No es muy bonito por fuera, pero tiene un propósito. Dentro del capullo se está produciendo una transformación increíble. La estructura de la oruga está cambiando por completo y, al final, saldrá del capullo convertida en mariposa: fuerte, hermosa y capaz de hacer cosas que la oruga nunca pudo hacer. Romanos 8:28 dice: «Sabemos que Dios hace que todas las cosas obren para el bien de aquellos que aman a Dios y son llamados según su propósito para ellos» (NLT). ¿Es realmente posible que Dios haga que TODAS las cosas —incluso el dolor— obren para bien? Desde un punto de vista terrenal, esto parece ridículo. Pero durante los últimos meses, en la presencia de Dios y en su Palabra, me he dado cuenta de que nuestro dolor es realmente un capullo. Puedo sentir cómo Él nos está transformando. Es un proceso lento, pero no queremos apresurar lo que el Señor está haciendo. Con el tiempo, saldremos de este capullo de dolor: fuertes, hermosos y capaces de hacer cosas para el Señor que nunca antes podríamos haber hecho. Este dolor no es el final.
CHRISTINE: En honor a Renée, decidimos plantar un huerto en nuestro jardín. Elegimos flores y verduras que a ella le habrían encantado y nos aseguramos de incluir mucho naranja, su color favorito. ¡Nuestro jardín está lleno de recuerdos de Renée! Con cada flor, cada pimiento, cada tomate, sonreímos, recordamos y damos gracias a Dios. Nos alegramos de su bondad al darnos este pequeño espacio para reflexionar sobre el inmenso amor y la hermosa vida de Renée. Las emociones humanas son válidas y nos las ha dado Dios para ayudarnos a procesar nuestro duelo. Pueden ser erráticas, intrusivas y abrumadoras. Nuestro duelo es intenso, porque nuestro amor por Renée es muy profundo. Pero Dios nos ha recordado que «se complace en quienes le temen, en quienes ponen su esperanza en su amor inquebrantable» (Salmo 147:11, NLT). Existe una esperanza viva, tan grande como Dios, que da respuesta a cada circunstancia difícil, crisis y dolor —incluso a la propia muerte—. Para los hijos de Dios, la muerte no es el final. Tenemos la esperanza inquebrantable de que, algún día, volveremos a estar todos juntos en su presencia. Mientras seguimos pasando el duelo, también seguimos creyendo.
LEW: Sé sin lugar a dudas que podemos seguir amando a Jesús pase lo que pase en esta tierra. Él es digno de todo nuestro amor, toda nuestra devoción, todo nuestro compromiso. Da igual lo que vivamos aquí en la tierra, Jesús lo vale. «Bendito sea el nombre del Señor».